

Enero 14, 2026 - 16 minutos de lectura

Llegué a este libro por la serie de Netflix. No lo había escuchado antes, pero desde que vi la adaptación quise leerlo porque su premisa no se parecía a nada que hubiera leído. Y eso, para mí, ya es un motivo más que suficiente. Además, es un libro profundamente nerd, y cualquiera que haya pasado por este blog sabrá lo nerd que soy. Así que empecé con ventaja.
Primero lo primero: este libro puede ser aburrido para muchos, y creo que lo es a propósito. No solo porque habla de ciencia, sino porque en muchos momentos inventa ciencia o lleva la ciencia actual a un nivel al que todavía no hemos llegado. Eso es fascinante, pero también exigente. Hay fragmentos que te obligan a releer una y otra vez para hacerte una idea clara de lo que está pasando. Que el autor se tome un capítulo entero para explicar cómo desdoblar un protón en once dimensiones es una maravilla para quienes disfrutamos de este género, pero también una barrera clara para lectores que buscan ritmo constante o emoción pura.
Desde el título ya queda claro que no estamos ante un libro cualquiera. El problema de los tres cuerpos parte de un problema científico real: qué ocurre cuando tres cuerpos con masa interactúan entre sí bajo fuerzas gravitacionales. Pero la novela no se queda ahí. Empieza en un contexto político de represión y violencia ocurrido décadas atrás, para luego saltar a una actualidad marcada por muertes inexplicables de científicos, una organización con motivaciones inquietantes y un mundo donde incluso los mejores laboratorios y las mentes más brillantes empiezan a dudar de lo que observan. El resultado es un thriller extraño y muy particular, donde se mezclan ciencia, política, videojuegos, conspiraciones, posibles invasiones y, sobre todo, una sensación constante de incertidumbre.
En resumen, y sin spoilers, la novela avanza como una investigación que nunca termina de aclararse del todo. Lo que comienza como una serie de hechos aislados se va conectando lentamente, obligando a los personajes —y al lector— a aceptar que las reglas bajo las que entendemos el mundo pueden no ser tan firmes como creíamos. La historia progresa con una lógica acumulativa más que explosiva, construyendo tensión a partir de la duda, la espera y la sospecha constante, hasta que el panorama general empieza a insinuarse con una incomodidad difícil de ignorar.
Si hay un punto donde esta novela merece aplausos sin matices es en la construcción de su universo. La historia ocurre en nuestro mundo real, en la China del siglo pasado e inicios del actual. Todo es reconocible, lógico, cercano. Existen algunos materiales y tecnologías que todavía no tenemos, pero están planteados de forma coherente, como extensiones plausibles de nuestro conocimiento actual. Y luego está Trisolaris: un planeta que orbita tres soles y cuyos habitantes son masacrados una y otra vez por su propio sistema planetario. Cada fragmento que menciona a Trisolaris expande ese universo: su historia, sus conflictos, su forma de pensar y una ciencia completamente ajena a la humana. Y aun así, increíblemente, nunca se siente como magia disfrazada. Se nota un esfuerzo constante por hacer que incluso las ideas más desbordadas respeten los principios básicos de la ciencia que conocemos. Es un universo lleno de detalles locos, posiblemente imposibles, pero que mientras lees parecen tener todo el sentido del mundo. Ahí está, para mí, el gran logro del libro.
Donde sí siento que la novela se queda corta es en el desarrollo de los personajes. Wang, el científico que funciona como hilo conductor de buena parte de la historia, pasa de estar confundido y asustado a estar dispuesto a llevar a cabo planes muy poco éticos de una forma demasiado abrupta. Tiene motivos, sí, pero no se siente como un arco narrativo sino como un salto brusco, casi como si estuviéramos viendo a dos personas distintas. Algo similar ocurre con Ye Wenjie. Es el personaje mejor desarrollado en términos de trasfondo: conocemos su vida, su familia, su tragedia, su contexto y su forma de pensar. Y aun así, el paso de científica en la base Costa Roja a su enigmatica personalidad al llegar a la vejez no termina de encontrar su espacio. Las motivaciones están ahí; lo que falla es la manera en que se llega a ellas. Y eso que ellos son los protagonistas. El resto de personajes secundarios -científicos y militares- son planos, parece que todos fueran la misma persona a excepción de Da Shi, el policía que nunca termina de tener sentido.
Aun con esas debilidades, me parece un libro totalmente disfrutable, sobre todo para quienes disfrutan de la ciencia en la ficción —que no es exactamente lo mismo que la ciencia ficción, aunque la linea sea delgada-. Es el inicio de una trilogía, y la segunda parte se titula El bosque oscuro, una referencia directa a la paradoja de Fermi. Con eso solo ya queda claro que lo que viene será, como mínimo, igual de nerd que esta primera entrega. Y sí, la voy a leer sin dudarlo.
Para mí, el problema de los tres cuerpos es un 8/10. No por sus personajes, sino a pesar de ellos. Un libro exigente, irregular en lo humano, pero desbordante de ideas que no se parecen a nada más que haya leído. Y a veces, eso basta.
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