

Octubre 17, 2025 - 14 minutos de lectura

Cuando se escribe una historia desde la voz de un niño o una niña, siempre se camina sobre una cuerda floja: la voz puede ser tan infantil que haga perder el interés en la trama, o puede abordar temas con una madurez que excede la edad del narrador, generando una sensación de falsedad que impide tomar la obra en serio. En este caso, la autora avanza magistralmente sobre esa cuerda sin tropezar ni caer, guiando a sus lectores con firmeza a través de una historia dura contada desde una mirada poco convencional.
Mambo es, en realidad, dos historias. La historia visible, narrada página a página, es la vida de una niña, Ana, que crece en un entorno familiar reducido pero amoroso, donde todos se preocupan por ella y anhelan que tenga un futuro mejor que el presente que les ha tocado. En ese sentido, Ana nos habla de sus juegos, de su entorno, de los dibujos de su padre y de la imaginación desbordante propia de su edad. Pero detrás de esa superficie se esconde la historia real: aquella de la que Ana no es plenamente consciente, pero que late en cada línea. La historia de la clandestinidad, de una familia perseguida y asustada por un régimen dictatorial que pone en riesgo sus vidas, y de cómo intentan protegerse mientras procuran que sus hijas vivan una infancia normal.
Los personajes que dan forma a la historia son entrañables. Los padres, amorosos y protectores dentro de los límites que las circunstancias permiten, a veces ausentes por esas mismas razones. Están lejos de ser perfectos, pero precisamente eso los hace más humanos, y por tanto, más cercanos. Su dolor de cabeza constante, su angustia y preocupación se sienten. Aun así, siguen cuidando a su familia del modo en que pueden. Las hermanas, Ana y Julia, son la definición perfecta de ternura e inocencia; personajes que despiertan una preocupación genuina y, al mismo tiempo, te arrancan una sonrisa con sus ocurrencias. Y Mónica, la figura familiar cercana, se convierte en el hilo que conduce a la familia a enfrentar la realidad.
Aunque amemos a Ana y Julia, era imposible que terminaran el libro con la misma inocencia con la que lo empezaron. Cuando la represión toca la puerta, más cerca de lo que imaginaban, Ana empieza a descubrir —de la forma más triste— que la situación es mucho peor de lo que creía. Y, siendo aún una niña, comienza a descubrir lo que su familia enfrenta.
Por último, es imposible hablar de un libro así sin mencionar el contexto político en el que transcurre. Aunque no soy chileno, la historia de represión y violencia política a la que hace referencia es conocida en toda la región. No son pocos los relatos que abordan esta realidad desde ángulos periodísticos, documentales o históricos. Sin embargo, es la primera vez que leo algo desde una perspectiva familiar, íntima, hogareña. Y quizá necesitamos más historias como esta para entender que la represión no es un hecho aislado que afecta a unos pocos mientras los demás vivimos en una burbuja, sino una sombra que alcanza todos los rincones de la vida, desde los espacios públicos hasta los más personales. En un mundo cada vez más convulso, recordar la historia de este modo no está nada mal.
Para mí, esta novela es un 10/10.
Reseña publicada en goodreads. Si te interesa el libro, lo puedes conseguir en buscalibre.