

Febrero 20, 2026 - 12 minutos de lectura

Llegué a Primer amor: High & Dry buscando algo ligero y fue exactamente lo que encontré. Es una novela que se lee con tranquilidad, sin sobresaltos, sin grandes giros, sin pretensiones de ser más de lo que es. Últimamente he notado esa cualidad en varias obras de literatura asiática contemporánea: historias pequeñas, emocionales, íntimas, que no buscan impresionar sino acompañar. Este libro encaja perfectamente ahí.
La historia es narrada por su protagonista, una adolescente de catorce años que experimenta su primer enamoramiento, y no uno cualquiera, sino hacia su profesor. Más allá del conflicto evidente que eso implica, la novela se concentra en el torrente emocional que supone amar por primera vez. La intensidad, la confusión, la idealización, la necesidad casi física de ser vista por esa persona. En ese sentido, es difícil no sentirse reflejado. No por la situación concreta, sino por la forma en que la autora captura esa etapa donde todo se vive como si fuera definitivo.
La trama en sí es sencilla, incluso común. No es una historia enrevesada ni estructuralmente ambiciosa. Pero está bien contada. Y eso, en un libro tan breve y tan contenido, lo es casi todo. No destaca por lo que ocurre, sino por cómo se siente lo que ocurre.
Ahora bien, hay un punto que me resultó incómodo de forma constante: la edad del profesor. En muchos momentos la relación parece presentada como algo sano, casi natural, entre un adulto y una niña. Y la ausencia de una sanción social clara dentro del relato hace que ciertas escenas resulten difíciles de leer sin fricción. Entiendo que al final es una historia de ficción y como tal puede abordar cualquier tema, más allá de cualquier juicio moral que sus lectores puedan asignarle. Pero cuando se plantean situaciones éticamente problemáticas, suelo esperar que la propia historia introduzca alguna tensión o cuestionamiento explícito. Aquí no ocurre de manera evidente.
Sin embargo, también es cierto que no estamos ante una narración omnisciente ni objetiva. Es la historia de la adolescente, contada por ella y vivida desde su percepción. Eso cambia el ángulo. Tal vez la falta de cuestionamiento no sea una validación, sino simplemente el reflejo de cómo ella lo interpreta en ese momento. Y eso, aunque no elimina la incomodidad, sí la contextualiza.
En cuanto a los personajes, son pocos pero están muy bien construidos. Todos existen dentro de la misma perspectiva narrativa, y desde ahí cobran coherencia. Las actitudes de unos influyen directamente en los otros, y esa red de pequeñas interacciones es lo que realmente sostiene la novela. No hay grandes discursos ni escenas dramáticas; hay gestos, silencios y pequeñas decisiones que revelan mucho más de lo que aparentan.
En definitiva, Primer amor: High & Dry es una historia sencilla, amable en su forma, inquietante en uno de sus ejes centrales y emocionalmente reconocible. No es una novela que desborde complejidad ni ambición formal, pero sí logra capturar con honestidad la intensidad del primer amor.
Para mí es un 7/10. Una lectura tranquila, bien construida, con una incomodidad difícil de ignorar, pero también con una sensibilidad que la hace fácil de acompañar.
Reseña publicada en goodreads. Si te interesa el libro, lo puedes conseguir en buscalibre.