

Julio 21, 2026 - 12 minutos de lectura

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Llegué a Proyecto Hail Mary por recomendación de una de las personas que mejor conoce mis gustos lectores. Lleva quince años recomendándome libros geniales, así que cuando me habló de este no tuve dudas. Poco después empezó todo el revuelo alrededor de la película y me pareció que era el momento perfecto para leerlo.
Lo primero que hay que decir es que esta es una novela de ciencia ficción dura en su mayoría, con algunas licencias creativas. Andy Weir se toma muy en serio la ciencia que sostiene su historia y eso se nota desde las primeras páginas. El comienzo puede sentirse lento, pero creo que esa lentitud está completamente justificada. Antes de lanzar al lector a los grandes momentos de la novela, Weir dedica tiempo a construir cuidadosamente las reglas de su mundo, explicar los principios científicos sobre los que se sostiene la trama y hacer que todo resulte coherente. Y vale totalmente la pena.
Lo curioso es que, aunque probablemente no fuera su intención principal, la novela termina enseñando. Gran parte de la ciencia que aparece aquí es real y está explicada con un nivel de detalle suficiente para entenderla sin que llegue a sentirse como un libro de texto. Aprendes mientras lees, y eso hace que las soluciones a los distintos problemas resulten mucho más satisfactorias porque entiendes de dónde salen.
La premisa parte de una idea que la ciencia ficción ha explorado muchas veces y que, aun así, nunca pasa de moda: una amenaza interestelar y la forma en que la humanidad intenta sobrevivir. La diferencia es que tanto esa amenaza como la manera de enfrentarla son sorprendentemente originales y nunca dan la sensación de estar reciclando ideas de otras obras.
Si tuviera que señalar el elemento que menos me convenció sería uno bastante específico: la cooperación internacional. Me costó creer que, ante una amenaza de semejante magnitud, todos los países terminaran trabajando juntos con tan pocas fricciones y dando tanto poder a una sola persona que en sí no representaba a ninguno de esos países. No porque la historia no lo justifique, sino porque me parece una de las partes menos realistas de toda la novela, incluso dentro de una historia sobre viajes interestelares. Un viaje interestelar como este nunca ha ocurrido, así que todo es especulativo y válido. Pero amenazas que han requerido la cooperación del mundo sí hemos enfrentado, y esa unión tranquila ha estado muy lejos de hacerse realidad.
Por otro lado los personajes funcionan muy bien. Ryland Grace es un protagonista carismático y fácil de seguir, aunque su historia tiene un pequeño detalle que me costó comprar: vuelve a aparecer ese recurso del profesor de colegio que termina involucrado en el proyecto científico más importante de la historia de la humanidad. Funciona dentro de la novela, pero es un arquetipo que ya hemos visto varias veces. Aun así, Weir consigue desarrollarlo con suficiente humanidad para que uno termine preocupándose por él mucho más de lo que esperaba.
Y luego está Rocky. Creo, sin exagerar, que es uno de los extraterrestres mejor escritos que he encontrado en la ciencia ficción. Estamos acostumbrados a historias donde los alienígenas son simplemente superiores en todo: más inteligentes, más fuertes, más avanzados. Aquí ocurre algo muchísimo más interesante. Rocky pertenece a una civilización que supera ampliamente a la humanidad en algunos aspectos, pero que está sorprendentemente atrasada en otros. Y lo mejor es que ninguna de esas diferencias parece arbitraria. Todo tiene una explicación basada en la evolución de su especie, las condiciones de su planeta y los problemas que tuvieron que resolver para sobrevivir. Es una idea sencilla, pero brillantemente ejecutada.
Otro de los grandes aciertos de la novela es la forma en que resuelve la comunicación entre los protagonistas. Parecía uno de los retos más difíciles de la historia: dos personajes que no comparten absolutamente nada de su lenguaje ni de su forma de entender la vida. Sin embargo, Weir convierte ese proceso de aprendizaje mutuo en una de las partes más entretenidas del libro. Nunca se siente forzado y, al contrario, termina siendo uno de los aspectos más memorables de toda la novela.
En general, la construcción de la historia es extraordinariamente sólida. Precisamente por eso llaman la atención un par de momentos donde Ryland, que durante toda la novela demuestra ser un genio, pasa por alto detalles que incluso el lector puede anticipar antes que él. Son fallos muy pequeños y en ningún momento afectan realmente la historia, pero contrastan un poco con la inteligencia que el propio libro le atribuye.
A pesar de superar las quinientas páginas, Proyecto Hail Mary mantiene un ritmo envidiable. Siempre está ocurriendo algo nuevo, siempre aparece un problema distinto por resolver y siempre hay una explicación científica detrás que hace que el lector quiera seguir avanzando. Es una novela larga que, curiosamente, se siente corta.
Este es apenas el segundo libro que leo de Andy Weir después de El marciano. Aquella novela ya me había parecido excelente, pero creo que Proyecto Hail Mary es un paso adelante en prácticamente todos los aspectos. Conserva la pasión por la ciencia que caracteriza al autor, pero mejora notablemente el desarrollo de los personajes, las relaciones entre ellos y la forma de narrarlo.
Para mí, Proyecto Hail Mary es un 9.5/10. Una novela que demuestra que la ciencia ficción dura no tiene por qué sacrificar el ritmo, los personajes ni la emoción. Todo lo contrario: cuando está tan bien escrita como aquí, consigue que aprender ciencia sea tan apasionante como la propia historia.