

Junio 10, 2026 - 14 minutos de lectura

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Algún día alguien me recomendó en un comentario de @radardehistorias esta novela. Nunca la había escuchado, ni conocía a su autora. Pero luego de leer la reseña, supe que algún día tendría que leerla. Ese día llegó y valió totalmente la pena.
Es un libro que duele. Duele por la violencia que retrata, por la pobreza, por la homofobia, por la misoginia, por el abandono y por la sensación constante de que los personajes están atrapados en un lugar donde nadie parece tener una oportunidad real de escapar. Y aun así, o precisamente por eso, se siente muy cercano. Mientras leía tuve la sensación de estar viendo una versión exagerada de problemas que conocemos demasiado bien en América Latina. Las dinámicas que las producen resultan tristemente familiares.
La novela comienza con el asesinato de una bruja. No es un spoiler: ocurre desde las primeras páginas y es el punto de partida de toda la historia. Pero quien espere una investigación tradicional o una narración lineal se encontrará con algo muy distinto. La muerte ya ocurrió y, en cierto sentido, conocemos desde el principio el hecho principal. Lo que hace la novela es retroceder y avanzar constantemente para reconstruir la vida de quienes estuvieron involucrados, directa o indirectamente, en ese crimen.
Cada personaje aporta una pieza distinta del rompecabezas. Y lo interesante es que esas piezas se van organizando en el tablero para mostrar cómo la violencia se transmite de una persona a otra, en la intimidad de la familia o en la seguridad del grupo de amigos. Poco a poco empieza a formarse una red de relaciones donde casi todos son víctimas de alguien y, al mismo tiempo, responsables del sufrimiento de alguien más.
La mayoría de libros que he leído expanden las historias para complicar el misterio. Temporada de huracanes hace todo lo contrario: Con el paso de las páginas, el misterio se vuelve más simple, pero la historia se vuelve más dolorosa. Con cada capítulo entiendes mejor lo ocurrido, pero también entiendes mejor las circunstancias que llevaron a la tragedia.
La escritura merece un apartado propio. Durante toda la lectura no pude dejar de pensar en El otoño del patriarca de Gabo. Y para mí eso es uno de los elogios más grandes que puedo hacerle a una novela. Fernanda Melchor construye párrafos larguísimos, frases que parecen no querer detenerse nunca y un ritmo vertiginoso que podría parecer agotador sobre el papel, pero que en la práctica funciona de maravilla. Lejos de volver lenta la lectura, genera una sensación constante de movimiento. Siempre quieres seguir leyendo una página más.
Además, hay una intimidad muy particular en la forma de narrar. La novela rompe muchas de las convenciones que solemos esperar de una voz narrativa. En ocasiones ni siquiera queda del todo claro quién está hablando. La voz puede pasar de un personaje a otro dentro de la misma frase sin avisar, sin marcas evidentes, casi sin transición. Salta de la primera persona a la tercera, del presente al pasado. Y aun así funciona. De alguna manera el texto logra auto-orientarse constantemente para que nunca termines perdido. Es una forma de escribir extraña, desafiante y extremadamente efectiva.
También vale la pena mencionar el lenguaje. Es un libro grosero, crudo y directo. A mí me gustó porque se siente coherente con el mundo que retrata. Nunca da la impresión de estar usando la vulgaridad para llamar la atención; simplemente forma parte de la realidad de sus personajes. Pero entiendo perfectamente que pueda convertirse en una barrera para algunos lectores.
Por la forma en que está construida la historia, nunca sentí que el objetivo fuera llegar a un gran final lleno de revelaciones. De hecho, creo que la novela es consciente de eso. La fuerza está en el recorrido, en la acumulación de historias, en la construcción de ese panorama cada vez más amplio. Por eso el desenlace no se siente espectacular ni pretende serlo. Se siente apropiado. Como la conclusión natural de todo lo que la novela viene construyendo desde la primera página.
Es el mejor libro que he leído este año. Y no solo eso: entró directamente a mi lista de libros favoritos de todos los tiempos. Pocas novelas consiguen combinar una estructura tan compleja, una voz tan particular y una historia tan brutal sin perder nunca el control de lo que están contando.
Para mí, Temporada de huracanes es un 10/10. Un libro durísimo, incómodo y doloroso, pero también una demostración impresionante de lo que puede hacer la literatura cuando encuentra la forma perfecta para contar una historia.
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